Irhoud 1: Llegada a Irhoud
Noviembre
2009
El 15 de Noviembre a las 4:30 de la mañana inicié el viaje a Irhoud. Por delante tenía más de 12 horas de vuelos, escalas, aduana, taxis...
Durante los vuelos tuve bastante suerte y, aprovechando el cielo despejado, pude ver primero Paris desde el aire y después todo el tramo que va desde la Gironda hasta Soria. Tengo que decir que me emocioné bastante al pasar a escasos kilómetros de casa sabiendo que aún me quedan algunos meses para volver. No obstante recuperé el ánimo al cruzar el Estrecho de Gibraltar y al sentir vibrar África bajo la panza del avión.
Después llego la escala de Casablanca y el corto vuelo a Marrakech, ya de noche. Desde el cielo la ciudad me pareció bastante pequeña, no podía ni imaginar la cantidad de gente, coches, motos, tiendas y vida que se agita bajo el sol de Marruecos.
Para que os hagais una idea de donde está todo he creado un mapa en GoogleMaps:
Ver Marruecos en un mapa más grande
Al llegar a Marrakech tuve que pasar el control de pasaportes y la aduana. En este punto, a pesar del cansancio, estaba bastante nervioso porque llevaba material científico que podía resultar sospechoso de importación ilegal (un microscopio y material para hacer moldes) y no sabía si, a pesar de llevar la documentación pertinente, iba a tener problemas en la aduana (considerando que las maletas llegasen a tiempo, lo que por la experiencia de los compañeros que habían llegado 15 días antes no estaba del todo asegurado). Al final no tuve ningún problema (el policía de aduanas se balanceó perezoso en su silla y me indicó con un gesto indolente que pasase los bultos por el scanner al tiempo que miraba, con los ojos entrecerrados la silueta de mi microscopio deslizéndose por la pantalla) y el género de este relato no pasó de relato de viajes a novela negra.
En el aeropuerto me esperaba un taxista y con el comenzó la aventura. El taxi era un mercedes de los años 80, sin cinturón de seguridad, lleno de abalorios y con una moqueta sucia en el salpicadero (algo que, como comprobaría más tarde, es la útima moda en tunning). El apenas hablaba francés y yo ni palabra de árabe, y además había algo en el que presagiaba un viaje lleno de emociones.
La primera revelación fue comprobar que lo que había oido sobre el tráfico en Marruecos era verdad. A pesar del gran número de policías de tráfico, ataviados a la manera de los gendarmes de los años 60, el caos era absoluto y las normas de tráfico difusas.
La segunda revelación llegó al observar la muchedumbre que ocupaba las calles de la ciudad hablando, paseando, mirando, comiendo, esperando.... allí donde mirases habia gente y en ocasiones, en los bordes de carreteras desiertas podías ver gente deambuleando esperando tal vez un autobus o un taxi.
El taxista hizo varias paradas, una para comprar cerveza (que luego se bebió en el taxi para mi asombro), la segunda en una gasolinera donde repostó con el motor en marcha (¡!) y la tercera en un pueblo atestado de gente donde compró un kebab y una fanta que degustó mientras conducía a pleno gas por una carretera llena de baches, adelantando camiones, mirando de vez en cuando el termómetro y cambiando las luces como un poseso y sin, aparentemente, ninguna lógica.
Finalmente tras dos horas de viaje llegamos a la casa de excavación en Irhoud donde me esperaba el resto del equipo, los escorpiones y una cena deliciosa a base de pavo y verduras.

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